(Cierra los ojos)
Haz como si no escucharas el tintineo constante que atropella tu alma.
(Dame la mano)
Haz como si no fuera yo sino el aire quien te zarandea leve y fugaz por cada recodo de tu felicidad desprendida.
(Acércate.)
Haz como si mi hombro fuera el sustento insinuado de otros susurros que marcan el curso de los vientos...
No te importe apenas una lágrima en mi cuello y no dudes di:!!Cierra los párpados o te calaré hondo hasta las pestañas!!!.
Yo ya entenderé que están abiertos de par en par los rinconcitos de tiempo que escondes con premura en cada palabra en cada emoción de veras o en cada mueca esbozada que imagino porque callas y cuando callas otorgas.
Me miras dulce y despistado quizá prudente al saberte cómplice porque una ráfaga de felicidad te ha aturdido no sabes donde.
Ahora sabes que está en ti y está en mí.
Sonríe...
Qué más da no saber dónde...
sábado, 6 de septiembre de 2008
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