Soltó el bolígrafo sobre la mesa. Y saltó, sin tropezar, entre los renglones de su propia obra.
Entró en el papel primero deslizando la pierna derecha, luego la izquierda, y giró en la primera hoja como gira el agua hacia el desagüe. Dejando un borrón de tinta en la primera página.
Este es el cuento del personaje que se creó a si mismo. El que predijo y controló los actos y las historias de sus antagonistas.
Él fue el autor, Él fue el personaje principal.
El fue su propio dios, pero a su lista de sentimientos programados entre letras, se le olvidó añadir la Fe. Y se creyó a si mismo de mentira.
Vivió historias, muchas. Todas las que él deseó. Historias sintéticas en las que él confió, pero como se confía sólo a medias. Como cuando se puede creer en los demás, pero no en uno mismo.
Y las emociones que recopiló de sus historias adulteradas decidió guardarlas en un armazón de metacrilato.
Un día olvidó quien fue antes de falsearse a si mismo. Un día olvidó aquel borrón de la primera página. Olvidó como llegó a aquel lugar. Y se perdió entre sus propias mentiras laberínticas.
Y allí lloró lágrimas incoloras sobre su corazón rojo plastificado...
jueves, 4 de septiembre de 2008
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