"Todo llega, nena, todo llega" --me dijo una vez. Y aquello nunca llegó, y sabía él que nunca llegaría.
Lo que mi interlocutor desconoce aún es que con aquella mentira me dejaba un legado de verdad. Entonces, le escuché, sonreí y le creí a pies juntos. Para mí, él era todavía una eminencia en el campo de la sinceridad, de la inteligencia, de la sensualidad.
Sin embargo, cuando transcurridos unos meses de espera y ansiedad pude verle con los ojos de la objetividad comprendí por fin, que nadie se destaca en ninguno de esos campos, que la vida es diferente para todos, que lo que hoy decimos mañana se nos olvida, que lo que llega para algunos, otros todavía lo esperan y que lo que hoy es sensual, mañana puede dejar de serlo.
Lo curioso es que hoy, a pesar de todo, continúo convencida de que todo llega, para bien o para mal... paradójicamente... todo llega...
jueves, 4 de septiembre de 2008
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